COMUNICADO
8 DE MARZO DE 2006
DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER
Por
desgracia somos herederos de una historia de enormes condicionamientos
que, en todos los tiempos y en cada lugar, han hecho difícil
el camino de la mujer, despreciada en su dignidad, olvidada en sus prerrogativas,
marginada frecuentemente e incluso reducida a esclavitud. Esto le ha
impedido ser profundamente ella misma y ha empobrecido a la humanidad
entera de auténticas riquezas espirituales.
(Carta del Papa a las Mujeres 2, Juan Pablo II, 1995)
En
el marco de la celebración del Día Internacional de la
Mujer, la Comisión de Justicia y Paz de la Iglesia Católica,
desea expresar ante la opinión pública nuestro reconocimiento
a todas las mujeres que con su trabajo y compromiso contribuyen al fortalecimiento
de una sociedad más justa, igualitaria y solidaria.
Reconocemos,
que se han hecho progresos para mejorar la situación de la mujer,
desde la aprobación de leyes y políticas públicas
orientadas a potenciar la capacidad económica e intelectual de
las mujeres, sin embargo, tales medidas aún no alcanzan a miles
de mujeres pobres particularmente a las indígenas, afro descendientes,
y discapacitadas que demandan mayores oportunidades en la sociedad.
Atendiendo
al ámbito laboral, es preocupante la situación del empleo
de las mujeres, revelado en cifras oficiales en la que se observa un
alto índice de desempleo, precariedad y aumento de la informalidad
del trabajo afectando la situación social y económica
de los hogares principalmente bajo la dirección de madres de
familias, siendo éstas en la mayoría de los casos las
que más aportan para sufragar los gastos familiares.
Reiteramos,
nuestra preocupación por la violencia doméstica, en la
que son víctimas principalmente las mujeres, la niñez
y los adultos mayores; y la falta de mecanismos legales y de protección
eficaces que permitan detener la larga lista de asesinatos y maltratos
que sufren de manera permanente y callada, sin distingo de posición
social en nuestro país.
Hacemos
un llamado a los medios de comunicación social para que consideren
como prioridad su función de contribuir a eliminar los estereotipos
y prejuicios contra la mujer, que impiden su desarrollo, que transmitan
mensajes positivos sobre el valor para la humanidad que representa la
mujer y que participe en igualdad de condición en toda la sociedad.
Concluimos
haciendo énfasis con las palabras de su Santidad Juan Pablo II
cuando expresaba: “nuestra admiración hacia las mujeres
de buena voluntad que se han dedicado a defender la dignidad de su condición
femenina mediante la conquista de fundamentales derechos sociales, económicos
y políticos, y han tomado esta valiente iniciativa en tiempos
en que este compromiso suyo era considerado un acto de trasgresión,
un signo de falta de feminidad, una manifestación de exhibicionismo,
y tal vez un pecado”. (Carta de Juan Pablo II a las mujeres, 1995)
Panamá,
7 de marzo de 2006